El compostaje doméstico crea escuela en el centro penitenciario de Monterroso

Los reclusos se han implicado de lleno en el programa de autocompostaje implantado en la institución de la mano de Sogama, lo que les ha ayudado a cambiar su concepción de los residuos y a adquirir una mayor sensibilidad ambiental. El Director de la Escuela de Adultos del Penal, Pedro Cantero, ha sido uno de los principales activos de esta iniciativa, convencido del importante papel que puede desempeñar la sostenibilidad en la reinserción social. La agricultura ecológica también se ha hecho un hueco en el centro, que ya cuenta con dos huertos a los que muchos internos dedican parte de su tiempo y habilidades. Tanto es así, que los invernaderos han sido fabricados por ellos mismos con materiales de desecho

Desde que el Centro Penitenciario de Monterroso (Lugo) implantó, de la mano de Sogama, su propio programa de compostaje doméstico, la concepción de los residuos por parte de los internos se ha visto modificada sustancialmente, circunstancia que ha repercutido en una mayor sensibilidad hacia la protección medioambiental y una mayor predisposición hacia la modificación de hábitos de comportamiento, circunstancias ambas que, sin lugar a dudas, posibilitarán una mayor integración en el medio y una mayor capacidad de adaptación al mismo.

Uno de los principales activos del proyecto esel Director de la Escuela de Adultos del Penal, Pedro Cantero, convencido de las posibilidades que la sostenibilidad podía reportar a ese gran reto que tiene por delante una institución de estas características: la reinserción social. Y los buenos resultados no se han hecho esperar. Tras la habilitación del primer huerto ecológico, el centro ya ha puesto en marcha el segundo, que será enriquecido en breve con el abono natural obtenido a través de cuatro de los ochocompostadores con los que cuenta el recinto y en los que los reclusos depositan los restos orgánicos para convertirlos en compost de calidad, garantizando de esta forma la aportación de nutrientes al suelo y, por lo tanto, incrementando su fertilidad.

Los frutos del esfuerzo

Tal y como destaca Cantero, la implicación de los reclusos en el proceso es absoluta: cuidadosa selección de los restos orgánicos (porque no todo sirve para compostar); máximo control de la temperatura y humedad; y, sobre todo, grandes dosis de paciencia. Pero el esfuerzo merece la pena, siendo la recogida de los frutos la mayor recompensa: hermosos tomates, pimientos de primera y sabrosos pepinos.

Con la gran humildad que le caracteriza, Pedro Cantero reconoce que tuvo que ser un autodidacta en estas lides y aprender sobre cultivos y abonos. Hoy incluso sabe interpretar las lunas: “los tomates, pimientos y pepinos los plantaremos con el creciente”. Por todo ello, se siente muy satisfecho con los resultados alcanzados.

Sin prisa, pero sin pausa, el compostaje y la agricultura ecológica se extienden por el centro con paso firme. Tal y como explica el Director de la Escuela, “hay mucho interés y cada vez son más los internos que quieren participar en el proyecto, crear nuevos huertos e iniciarse en el autocompostaje”.

Y por si esto fuese poco, los invernaderos a los que dedican parte de su tiempo,  han sido fabricados por ellos mismos con materiales de desecho. Todo un ejemplo a seguir.

Con esta política medioambiental, en la que el Penal de Monterroso es pionero y cree firmemente,  se instala en la institución una nueva forma de hacer las cosas, una nueva forma de entender la reinserción; una nueva forma de entender la vida de aquéllos que ahora intentan reconducirla mediante el aprendizaje e interiorización de los principales valores que rigen la convivencia. El respeto y la protección del medio ambiente es uno de ellos.