El cerdo ha dejado de ser solo un alimento para convertirse también en una fuente alternativa de energía y productos valorizables agronómicamente. Es ahora más que nunca cuando el tradicional dicho “del cerdo se aprovecha todo”, cobra su pleno sentido.

Tanto en las actividades ganadera y de transformación agroalimentaria, como en la mayoría de actividades desarrolladas por el hombre, además de generarse el producto objeto del proceso productivo, se generan subproductos y residuos.

Por ejemplo, solo entre un 32% y un 80% en peso (dependiendo la especie) de los animales sacrificados en un matadero es destinado a consumo humano, siendo la fracción restante destinada a subproductos. La producción de estos últimos se acerca a los 20 millones de toneladas (Mt) anuales tan solo en Europa.
España ocupa el tercer puesto entre los países europeos en cuanto a volumen de subproductos animales transformados, tan solo por detrás de Francia y Alemania, alcanzando casi los 2 Mt anuales.

La gestión actual de estos subproductos supone un grave problema medioambiental, por el volumen que representan y por la escasa o nula valorización que se hace de muchos de ellos. Este problema es especialmente significativo en el caso de la gestión de los cadáveres de porcino. En este sentido, se debe tener en cuenta que Europa es el segundo productor mundial de porcino con un censo de 148,3 millones de cabezas en 2014. Por países europeos, España es el segundo país (tan solo detrás de Alemania) con un censo en 2014 de 26,6 millones de cabezas.

Las encuestas de sacrificio de ganado revelan cantidades aún mayores. Solo de porcino fueron sacrificados en 2014 más de 251 millones de animales en Europa, de los cuales, 43 millones provenían de España. En base al censo anterior, se estima que anualmente la generación de restos de cadáveres de porcino en Europa y España es de 5,4 y 0,9 Mt, respectivamente. Por ello, la búsqueda de una alternativa eficaz a la gestión de los cadáveres de porcino es un objetivo nacional y europeo prioritario.

Otra problemática asociada a la industria porcina es la generación de ingentes cantidades de purines. Según la Comisión Europea, la producción de estiércol de toda la UE se estima en 1.400 Mt, siendo Francia la mayor productora, seguida de Alemania, Reino Unido y España, por ese orden.

En España, se estima que cada año se originan unos 140 Mt de estiércoles y purines aportando el sector del vacuno y del porcino un 50% y un 40% de esta cantidad, respectivamente. La mayor parte no pueden ser aprovechados directamente como abono porque habría sobre‐nitrificación del suelo. Además, muchas explotaciones ganaderas proceden de la ganadería intensiva, donde no existe una actividad agrícola asociada, por lo tanto los purines se convierten en un problema.

La cantidad de residuos tanto ganaderos como agroalimentarios indicados en los párrafos anteriores da idea tanto del volumen del problema, como de la gran cantidad de materias primas de que se dispone, que bien aprovechadas permiten obtener un gran abanico de posibilidades, tanto desde el punto de vista energético, como de obtención de fertilizantes, de extracción de principios activos, etc. Como dato significativo indicar que, únicamente con los residuos agroalimentarios de los que se dispone en España, se podrían generar 2.600 Mm3/año de biogás, el equivalente al 4,2% de la producción anual de gas natural.

Con el proyecto VALPORC se propone una alternativa sostenible a la gestión de los cadáveres de porcino y purines, abordando la problemática medioambiental derivada de su gestión actual y valorizando estos residuos mediante su transformación en biocombustibles (biogás y biodiésel) y fertilizantes orgánicos, con el correspondiente valor añadido medioambiental y socioeconómico que ello conlleva.

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Dra. M. Dolores Hidalgo Barrio
CARTIF Centro Tecnológico – ITAP Universidad de Valladolid