El Col·legi Oficial d’Enginyers Agrònoms de Catalunya insta a modernizar las instalaciones de regadío para hacerlas más eficientes

En el marco del Día Mundial contra la Desertificación y la Sequía, el COEAC alerta de la grave situación este verano a causa del calor y la falta de lluvia.

El Col·legi Oficial d’Enginyers Agrònoms de Catalunya ha urgido a las administraciones a renovar y modernizar las infraestructuras de almacenamiento y de transporte de regadío para hacerlas más eficientes y favorecer el ahorro de agua. Este llamamiento se enmarca en el Día Mundial contra la Desertificación y la Sequía, que se celebra mañana 17 de junio, a las puertas de un verano que se prevé especialmente cálido en un contexto de cambio climático.

“Es un hito ambicioso pero que se puede conseguir si se llevan a cabo las inversiones necesarias, más todavía ahora, en el contexto de las ayudas previstas por la UE, que tienen como objetivo reactivar la economía a raíz de la pandemia y avanzar hacia un modelo más sostenible”, afirma Conxita Villar, decana del COEAC.

Según datos de la ONU, en 2050, la población será mayoritariamente urbanita, hecho que requerirá un crecimiento del 60% de la demanda de alimentos y pondrá todavía más en peligro los límites planetarios, agraviando la situación actual de cambio climático, de producción de residuos, de desertificación o de desigualdades sociales.

“Tenemos ante nosotros un cambio de paradigma que nos obliga a todos como sociedad a repensar la manera de producir, de consumir y donde la agricultura y la alimentación son claves. La producción sostenible es parte de la solución. Teniendo en cuenta que el principal demandante de agua en España, por ejemplo, es el sector del regadío, es evidente que, para conseguir un modelo agrícola sostenible de verdad hace falta que el sistema global de regadíos sea más eficiente”, remarca Villar.

Concretamente, el COEAC insta a modernizar las infraestructuras de almacenamiento y de transporte -especialmente de los canales viejos, que actualmente producen grandes pérdidas de agua-. Así mismo, hay que implementar tecnologías eficientes con riegos localizados, biotecnología con producciones más eficientes y tolerantes a las sequías, Internet de las cosas con agricultura de precisión y digitalizada, y una gestión circular de las producciones con tendencia a residuos cero. Unos cambios que también necesitan más formación digital y acceso a Internet en todo el territorio, entre otros.

El regadío siempre ha sido el instrumento ineludible para mantener la producción de alimentos, asentar la población e impulsar su desarrollo. De hecho, en los últimos años ya se han adoptado prácticas más sostenibles, tal como demuestra el hecho que la superficie de regadío se haya visto incrementada desde el 2004 en un 13,63% (pasando de 3.341.400 ha a 3.796.682 ha), mientras que el uso del agua ha descendido en un 12,99%.

“Aun con estas mejoras, hay que seguir avanzando con decisión en esta dirección”, concluye Villar, que recuerda que “la economía rural en torno a actividades agrarias sostenibles y pensadas de manera holística nos beneficiará a todos como sociedad, ofreciendo alimentos saludables, seguros y respetuosos con el medio ambiente, arraigando la gente en el territorio, y evitando así la despoblación en el medio rural”.

Desde el Col·legi, como herramienta de apoyo a la profesión que produce alimentos y que trabaja en su gestión desde el campo a la mesa, tenemos una planificación estratégica que tiene como hoja de ruta los 17 ODS y las diferentes comisiones de trabajo que analizan, difunden y colaboran para generar contenido. Concretamente, la comisión del agua formada por científicos, consultores y gestores del ámbito privado y de la administración pública desde hace años generan contenidos e interesantes debates en el ámbito del uso y la gestión eficiente del agua en la agricultura.