El sistema de innovación en la encrucijada

Los indicadores de I+D e innovación en España siguen sin crecer al ritmo necesario y aún estamos lejos de los países más avanzados según todos los estudios realizados en los últimos años, y  aunque en el sector del medio ambiente y del agua, tenemos un buen posicionamiento en relación a otros sectores es imprescindible una apuesta más decidida por parte de las administraciones públicas a fomentar la innovación. En este contexto los Fondos Europeos de recuperación son una oportunidad en clave de sector por la priorización de la transición ecológica que sin duda repercutirá sorbe toda la economía española. Qué proyectos van a priorizarse, cómo se van a reforzar las capacidades y recursos de los ecosistemas de innovación existentes o la imprescindible simplificación administrativa para su ejecución, marcarán el éxito o el fracaso de esta enorme inversión para los próximos años.

Xavier Amores Bravo, Director CATALAN WATER PARTNERSHIP

La repetición de determinados datos demoledores para el futuro de nuestra economía, como es la evolución de la inversión en I+D e innovación, no habían implicado hasta ahora cambios en las prioridades presupuestarias, ni una revisión crítica en profundidad de las políticas de innovación y tecnológicas llevadas a cabo. Sucesivos gobiernos han realizado actuaciones intermitentes, con presupuestos poco ambiciosos y en los cuales parecía que la política científica, tecnológica y de apoyo a los sectores más innovadores no estaba en la agenda política de una manera proporcional a su importancia. Ahora bien, los fondos europeos de recuperación aparecen como una oportunidad sin igual, para un relanzamiento, y quizás más complicado, para ayudar a consolidar un sistema de innovación con demasiados puntos débiles después de años en los que no se le ha prestado la atención suficiente. Para los sectores más vinculados al medio ambiente, y entre ellos para el agua, es además una oportunidad por partida doble, ya que la UE ha situado la transición ecológica en el centro de muchísimas de las inversiones previstas. Sin duda, una oportunidad que no podemos dejar pasar.

Es más que conocido que la insuficiente inversión en I+D, y muy especialmente en innovación de impacto lastra el desarrollo futuro de cualquier país no sólo en términos económicos, también sociales. Todos los expertos y centros de estudios llevan advirtiendo des de hace años, y la publicación de los indicadores anuales nos llevan a una cierta desesperación por previsibles. Falta un cambio de prioridades, así como constancia y estabilidad en la política tecnológica. Si bien el gasto en Investigación y Desarrollo (I+D) interna en España ascendió a 15.572 millones de euros en 2019 y se incrementó un 4,2%, este crecimiento nos sitúa en un 1,25% del PIB, alejados de los sitios destacados en Europa con una media del 2,18%, y a muchísima más distancia de los países líderes como USA, Israel, Singapur o Corea del Sur. Los rankings que consideran distintos indicadores a nivel global tampoco nos dejan en mejor posición, España suele aparecer en una zona medía, pero con preocupantes carencias en los indicadores como la inversión en educación e innovación, la facilidad de crear empresa o la poca cooperación entre universidad-empresa tal y como muestra, por ejemplo, el Global Innovation index de 2020. El Regional Innovation Index de Europa publicado hace pocas semanas, situaba España como el país número 16 sobre los 27 de la UE, con sólo dos regiones (el país vasco y Madrid) entre el top 100. La mayoría de comunidades autónomas españolas aparecen como innovadores moderados o innovadores emergentes (un nombre amable para señalar los últimos de la lista).

Podríamos pensar que esta realidad es alejada de nuestro sector, pero es evidente que hay una falta de incentivos específicos y ayudas a la innovación en un sector que debería ser prioritario por el estrés hídrico en España y donde no todas las administraciones consideran el I+D como una parte consustancial al servicio del agua. Aunque cabe destacar que somos uno de los sectores con mejores retornos en todos los programas europeos de I+D (LIFE+, H2020, SME instrument, etc), y si bien eso muestra nuestro potencial interno y las grandes capacidades de las empresas y centros de investigación del sector medio ambiental en relación a otros sectores de la economía española, no es menos cierto que los programas mal dotados de I+D des de hace años en España han llevado al sistema de innovación propio a especializarse en captar fondos europeos como estrategia de supervivencia. Sin ellos, ¿Cuántos centros tecnológicos o de investigación, universidades, clústeres y pymes innovadoras no hubieran podido llevar a cabo sus proyectos de I+D? Y aunque no debe haber una correlación directa, cuando comparamos los programas de apoyo a la innovación de otros países europeos, tanto en dotación, porcentaje de ayuda y estabilidad a lo largo de los años, su motivación a la participación en programas europeos no es tan perentoria como la nuestra. La precarización, inestabilidad y pérdida de talento se han normalizado des de hace años en el sector del I+D, combinado con insuficientes instrumentos para la mejora competitiva de las empresas, nos llevan a un sistema de innovación frágil.

Artículo publicado en el Nº81 Junio-Julio 2021