El uso de bolsas de papel supone al año 84.500 T menos de CO2 en la atmósfera

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Los árboles absorben el CO2 de la atmósfera para alimentarse y crecer. De hecho, la fibra de madera, la celulosa con la que se fabrica el papel, es un hidrato de carbono. Y los árboles que se plantan y cultivan en las plantaciones que se utilizan para la fabricación de bolsas de papel, al ser especies de rápido crecimiento como el pino y el eucalipto, son precisamente debido a esa característica los que más CO2 absorben. El eucalipto, por ejemplo, fija anualmente el doble de carbono que el castaño y cinco veces más rápido que la encina.

Estas plantaciones para papel se rejuvenecen además periódicamente con las talas de aprovechamiento y la consiguiente regeneración y replantación. Y son los árboles jóvenes, los que están creciendo, los que más CO2 absorben. Estudios recientes demuestran que una vez que el bosque alcanza su madurez, deja de fijar carbono, por lo que estas plantaciones productivas son una oportunidad medioambiental.

FCC Aqualia central, Inodoro

Los cultivos de madera a partir de la que se fabrica el papel son por lo tanto grandes sumideros de CO2 que ayudan a frenar el cambio climático.

El carbono almacenado en las plantaciones permanece en los bioproductos papeleros como las bolsas de papel. Y con los sucesivos reciclajes de las bolsas el plazo de almacenamiento se va alargando una y otra vez. Actualmente en nuestro país el 85% de las bolsas de papel que se utilizan se reciclan.

Además las bolsas de papel son biodegradables, de modo que si una bolsa de papel no llega a entrar en el circuito del reciclado, se biodegrada en un periodo de entre dos y cinco meses.

El consumidor responsable del siglo XXI demanda crecientemente bioproductos como la bolsa de papel, que contribuye a la lucha contra el cambio climático y es natural, renovable, reciclable y biodegradable.