Equilibrio ecológico y colaboración, el impulso hacia un futuro cada día más sostenible

Equilibrio ecológico y colaboración, el impulso hacia un futuro cada día más sostenible

El concepto de equilibrio puede definirse como el balance entre dos o más situaciones. Es un término que puede aplicarse a diferentes campos, como la física o la economía, pero hoy nos centraremos en el medioambiental. En este sentido, si hablamos de “equilibrio ecológico” no podemos dejar de mencionar uno de los hábitats naturales más valiosos que tenemos en la península, la dehesa ibérica. Este ecosistema, rico en biodiversidad, acoge a cientos de especies de animales y plantas, y ha acabado por convertirse en uno de los ejemplos más sólidos de equilibrio entre desarrollo y cuidado del medioambiente.

Zacarías Torbado, coordinador TheCircularLab de Ecoembes

Alcornoques, encinas, mochuelos, pájaros carpinteros, ovejas o cerdos, entre otros cientos de especies, conviven de forma equilibrada, convirtiéndose no solo en un gran pilar socioeconómico para los países sino cumpliendo funciones esenciales en favor de la protección de nuestro planeta, como el mantenimiento de los suelos a través de nutrientes naturales, la prevención de la erosión de estos o la germinación y crecimiento de frutos que alimentan a la propia fauna silvestre que la habita y a la sociedad. En conclusión, un beneficio directo en favor de la supervivencia del planeta.

Y es que este modus operandi se presenta como la premisa de que el valor del todo es mucho más que la suma de las partes, y que supone una enseñanza y podría valernos de ejemplo perfecto para iniciar cualquier reflexión sobre qué significa tener una sociedad colaborativa que promueva en equilibrio el progreso y el cuidado de la naturaleza.

Una reflexión que se hace más que necesaria, y urgente, en el contexto en el que nos encontramos. La sociedad se enfrenta a un reto crucial que solo puede hacerse frente de forma conjunta: adecuar el modelo de producción y consumo a nivel mundial, conocido como “producir, usar y tirar”, a otro más sostenible que posibilite el cierre del ciclo, reduciendo y dando una segunda vida a los residuos.

Es cierto que puede sonar abrumador poner sobre la mesa el impacto que tiene este modelo de producción lineal al que se ha estado acostumbrado, uno que pone en peligro la pérdida de la biodiversidad, el cambio climático y, en conclusión, la supervivencia del planeta. Sin embargo, y aquí tenemos mucho que aprender de los millones de hectáreas de dehesa con la que, afortunadamente, contamos en nuestro país. Y es que está en nuestras manos seguir caminando hacia un futuro más sostenible, a través de acciones colaborativas que reduzcan esa factura tan cuantiosa que está dejando la huella humana en el planeta.

Además, contamos con un entorno favorable, con importantes guías, como el Green Deal europeo y el Plan de Acción de Economía Circular, que marcan las líneas estratégicas a seguir por los diferentes agentes: administraciones, empresas y ciudadanos. Solo así, sumando fuerzas, haciendo sinergias entre todos y marcando objetivos concretos, podremos facilitar la transición hacia un modelo de sociedad más responsable.

Artículo publicado en el Nº 88 Marzo – Abril 2022