La desalación en Latinoamérica

A pesar de contar con innumerables recursos hídricos, Latinoamérica posee una cultura de uso ineficiente del agua en casi todos los ámbitos donde se utiliza. 21 millones de personas todavía no cuentan con acceso básico al agua potable y más de 116 millones lo reciben en condiciones insuficientes de continuidad o de calidad sanitaria. Además, los recursos hídricos están distribuidos de manera heterogénea, lo que genera una creciente competencia por el agua entre los diversos usuarios. El riego utiliza más del 70 % de las aguas extraídas y las proyecciones apuntan a un aumento en el uso conforme a los planes agrícolas de los países, así como a un incremento en el consumo humano, producto del crecimiento demográfico que caracteriza a la región.

La gestión del agua en la región es altamente vulnerable a los efec­tos de la variabilidad y el cambio climático, con sequías más severas y la intensificación de eventos de inundación, que en los últimos 15 años se han incrementado en más del 40 % respecto a un periodo similar anterior.

Por todo esto, Latinoamérica representa uno de los mercados emer­gentes más grandes para la desalación, sin embargo, solo un 6% del mercado corresponde a esta región, siendo México y Chile los que encabezan este desarrollo. Actualmente, están en marcha 30 proyec­tos de desalación en Latinoamérica: 18 en Chile, cinco en México, cua­tro en Perú, dos en Colombia y uno en Argentina, con una estimación de inversión de 25 mil millones de dólares entre 2021 y 2025.

En el libro “IDA Journal of Desalination and Water Reuse” de la Interna­tional Desalination Association, Emilio Gabbrielli, antiguo presidente de la organización llega a la conclusión que fue en Chile, en particu­lar en el desierto de Atacama, donde la desalación moderna comenzó realmente en términos de números y diversidad de aplicaciones. Las aplicaciones terrestres de la desalación aceleraron su ritmo a finales del siglo XIX en varias partes del mundo, pero es solo en este tramo del desierto a lo largo de la costa del Pacífico de Perú, Bolivia y Chile, donde hay pruebas documentadas de que la desalación ya se aplicaba en va­rios sectores utilizando todos los procesos de evaporación conocidos en esa época, como las máquinas MED, y la primera planta de desala­ción impulsada por el viento y el sol que se conoce. Esta última planta es la famosa planta de desalación solar de Las Salinas, construida en 1878, que funcionó continuamente durante unos 50 años.

El documento ilustra, por ejemplo, cómo la desalación aseguraba el abastecimiento de agua dulce a los puertos de Cobija, Tocopilla, Mejillones y Antofagasta a lo largo del desierto de Atacama me­diante decenas de destiladoras, garantizando el funcionamiento de las máquinas de vapor de las locomotoras a lo largo de las rutas de la red ferroviaria en rápida expansión, y permitiendo las actividades mineras en lugares donde hubiera sido difícil hacerlo de otro modo.

Sin embargo, según la Asociación Latinoamericana de Desalación y Reúso de Agua (ALADYR), “una de las barreras para la expansión de la desalación ha sido el prejuicio sobre los costes”, pero cálculos de­muestran que el aumento de costes no es tan elevando, solo alrede­dor de un 10-15% más de la tarifa actual. “En este sentido, se sostiene que la desalación de agua de mar es una solución económicamente viable para diversificar las fuentes de agua disponibles” y además “el agua más costosa es la que no se tiene” apuntan desde la asociación.

Estrategia del Agua 2019-2022” – Banco de Desarrollo de America Latina (CAF) Desalinización América Latina

“El mercado latinoamericano de desalación, reúso y tratamiento está en franco crecimiento” – Asociación Latinoamericana de Desalación y Reúso de Agua (ALADYR)

IDA Journal of Desalination and Water Reuse

Publicado en: FuturENVIRO Nº 69 AbrilMayo 2020