Reconstruir o crear una nueva economía más competitiva, pero también más sostenible

La lucha contra la epidemia del COVID-19 deja tras de sí un escenario económico complicadísimo que exige políticas innovadoras y capaces de movilizar la inversión. Esto pasa, como se plantea desde hace tanto tiempo, por diversificar las actividades que actualmente sustentan nuestra economía, así como por incorporar los objetivos de sostenibilidad y transición medioambiental de la Agenda 2030. Y es que la reconstrucción post pandemia debe concentrar esfuerzos en potenciar aquellos sectores, tales como el de gestión de residuos, que trabajan por la sostenibilidad y han evidenciado su valor en los peores momentos.

El ambicioso paquete legislativo en materia medioambiental apro­bado por el Gobierno en las últimas semanas y, entre las que en­contramos la tan esperada Estrategia Española de Economía Cir­cular y el anteproyecto de Ley de Residuos y Suelos Contaminados, puede ser una buena plataforma sobre la que comenzar a trabajar. Se trata de una oportunidad que no debemos desaprovechar.

En líneas generales, este nuevo panorama legislativo facilita una economía sostenible, descarbonizada y eficiente, así como un mo­delo industrial competitivo y no dependiente del exterior para abastecerse de materias primas. En concreto, la Estrategia Espa­ñola de Economía Circular establece reducir, en 2030, un 30% el consumo nacional de materiales en relación con el PIB y respecto al año 2010. Además, crearía hasta 120.000 puestos de trabajo en ámbitos relacionados con el reciclaje, la reutilización de materias primas, residuos o agua, entre otros sectores.

Esta hoja de ruta de la circularidad económica representa la culmi­nación de la labor pionera que los sistemas colectivos de gestión de residuos, tales como los integrados en Recyclia, iniciaron hace ya dos décadas, para lograr una economía sostenible y eficiente en el uso de los recursos. No en vano, una gestión correcta de residuos, como los equipos electrónicos, garantiza el máximo reaprovecha­miento de materiales en la cadena productiva contribuyendo así, de manera decisiva, a la implantación de un modelo de producción de bienes y servicios sostenible y que reduzca el consumo y el des­perdicio de materias primas, agua y fuentes de energía.

Sirvan para ilustrar esta capacidad los datos facilitados por la Uni­versidad de las Naciones Unidas, que señalan que los materiales contenidos en los 50 millones de toneladas de residuos electróni­cos generados anualmente en el mundo tienen un valor material de 55.000 millones de euros, tres veces más que el de la producción anual de las minas de plata de todo el mundo. Además, su reciclaje produce sustancialmente menos emisiones de dióxido de car­bono que la extracción de los materiales necesarios para su fabricación.

José Pérez, Consejero delegado de Recyclia CEO at Recyclia

Publicado en: FuturENVIRO Nº 70 Mayo-Junio 2020